Tratamiento para la falta de erecciónEl Profesor GS
Brindley, en un congreso de urología en Las Vegas en 1983, anunció al
mundo científico y resto de sociedad que la inyección en el propio pene
de sustancias vasoactivas inducía a la erección. En aquel tiempo no
existían los tratamientos orales como “viagra” y se trataba del primer
fármaco verdaderamente eficaz para la disfunción eréctil. Constituía un
avance científico extraordinario ya que se salía por primera vez de un
pozo en la disfunción eréctil. Las únicas opciones que había hasta
entonces eran sustancias y afrodisiacos de nula comprobación científica.Pero
además del hito científico indiscutible Brindley lo anunció en una
conferencia única y la más extravagante por los hechos que ahora
contaremos y que merece la pena ser compartidos. Laurence Klotz,
conocido urólogo canadiense y en aquel tiempo residente de urología,
asistía a la conferencia “vaso-active therapy for erectile dysfunction” y
nos cuenta la historia.Brindley ya había publicado varios
estudios sugiriendo que la inyección directa de sustancias
vasodilatadoras en el pene podía estimular la irrigación sanguínea y
generar una rígida y duradera erección. Pero su trabajo había recibido
muchas críticas, y se escuchaban rumores de que las fotos de penes más o
menos erectos en sus artículos podían estar trucadas.Klotz, el
día de la conferencia y unos minutos antes en el ascensor, coincidió con
el propio Profesor Brindley y ya notó le notó algo extraño para dar
una charla. Vestía un chándal azul e iba algo nervioso. En el auditorio
habrían alrededor de 80 personas, entre ellas las esposas de algunos
urólogos. Recordemos que en aquellos años había pocas mujeres urólogos.La conferencia más increible y excentrica de la historiaEl
Profesor comenzó su conferencia indicando que los agentes vasoactivos
en los cuerpos cavernosos del pene podían inducir una erección.
Utilizándose a sí mismo como sujeto de investigación había iniciado una
serie de pruebas inyectándose diferentes vasodilatadores y las
diapositivas que mostraba a la audiencia eran las de su pene en
diferentes grados de tumescencia. Pero claro, tal como se le había
criticado en sus escritos previos, esas fotos podían ser debidas a
estimulaciones eróticas y no al efecto de la inyección.Para ello
Brindley tenía preparada una explicación. “Estarán todos de acuerdo de
que en medio de una conferencia, como esta, la posibilidad de
erotización son nulas y por tanto no se puede tener una erección”. En
ese momento dejó el lugar desde el que hablaba, se dirigió al centro del
escenario y se apretó el chándal contra el cuerpo para intentar
demostrar que tenía el pene erecto. La sala quedó estupefacta. Bajó la
vista con escepticismo hacia sus pantalones y sacudió la cabeza con
disgusto. “Está claro que esto no muestra los resultados con suficiente
claridad”, dijo. Así que se bajó los pantalones y calzoncillos dejando
al descubierto un pene largo y delgado, claramente erecto.No había ni un ruido en la sala. Todo el mundo había dejado de respirar.Aún más escandaloPero
la mera exhibición pública de su erección no le pareció suficiente.
Hizo una pausa, y pareció reflexionar sobre su siguiente paso. Luego
dijo, con gravedad, “me gustaría dar algunos de los asistentes la
oportunidad de confirmar el grado de tumescencia”. Con los pantalones en
las rodillas, balanceándose por las escaleras, se acercó (para su
horror) a los urólogos y sus esposas en la primera fila. A medida que se
acercaba a ellos, meneando la erección delante cada uno de ellos,
cuatro o cinco de las mujeres en las primeras filas levantaron sus
brazos en el aire, al parecer al unísono, y gritaron en voz alta.Los
gritos parecieron incomodar a Brindley quien decidió subirse los
pantalones, volvió al escenario y acabó su conferencia. La audiencia se
dispersó en estado de shock, y los urólogos que habían traído a sus
esposas al acto inaugural les tuvieron que darles unas cuantas
explicaciones.
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